“La ´Locura´ del Saber: Mannoni en Capestrano o
Viva la Contratransferencia”
Experiencias psicoeducativas en grupos de poscuidado a través de
discursos posmodernos.
Daniel E. Aguilar Aes, PhD
INTRODUCCIÓN
Buenos días. Esta ponencia podría definitivamente tener un título alterno:
“Viva la Contratransferencia”. Desde mis años universitarios en México,
dentro de mis estudios para la Licenciatura en Psicología Educativa en la
Universidad Autónoma del Sudeste, Maud Mannoni fue una gran
protagonista; desde que la descubrí ya en el inicio de mis 20. “La
educación imposible1”, así como “De la pasión del Ser a la “Locura” del
Saber2”, fueron los primeros escritos, de su autoría, propuestos y
discutidos en clase. Tiempo después, durante mi estadía en Europa
estudiando Psicología Social de Familia dentro del marco de la Escuela de
Milán, los secuaces de Madame Mannoni me acompañaron; muchas veces
pudiendo dar palabras a mis impresiones, muchas veces inevitablemente
dejándome atrapado en un laberinto de estructuras, parodiando a Heli
Morales en su famoso libro del circulo psicoanalítico de Ciudad de
México: “Permaneciendo dentro del laberinto de las mismas estructuras”3.
Siempre supe, de alguna manera, que estas visiones daban luz a mi
trabajo en terapia y mi trabajo académico. De este último me aparté en el
2002, por circunstancias del destino, para iniciar mi trabajo dentro del
Hospital Psiquiátrico “San Juan Capestrano”, en el área metropolitana de
San Juan; uno de los trabajos mas apasionantes de mi vida.
Es por demás interesante ser invitado a hablar de un trabajo de
psicología en un Hospital Psiquiátrico precisamente en esta Convención
que tiene como subtítulo “Intercambio, Colaboración y Compromiso con
la Acción”; ya que para muchos representa no sólo una paradoja el decir
“psicólogo en hospital psiquiátrico”, sino un oxímoron. Es decir, un
recurso retórico caracterizado por una contraposición antagónica pero
que de alguna manera coexiste. Pues, de la misma manera que Mannoni es psicoanalista en pedagogía – claro oxímoron -, yo inicio a realizar
trabajo de psicología en un ámbito psiquiátrico. Es decir, inicia un trabajo
colaborativo en un ambiente aparentemente hostil; un trabajo que
intentaré explicar cómo se reinventó.
Ya que mi vida está plagada de estos “oximorones”, como creo la de
muchos de ustedes, vengo a dialogar acerca de la experiencia de este
grupo de poscuidado que tengo a mi cargo desde el 2002. Un grupo que
sigue un formato de “Grupo Psicoeducativo” para ex pacientes del
Hospital psiquiátrico, con el derecho a permanecer en él por el arco de un
año. Un grupo que inicialmente se conformaba con un promedio de 10
personas y que actualmente tiene un promedio de 35 personas que, de
manera libre, apuestan por venir a compartir lo que de más profundo
tienen: sí mismos.
LA CRISIS DEL 2003 Y MI CRISIS PERSONAL
Para quien no tenga un marco de qué significa laborar en un hospital
psiquiátrico, digo dos palabras. El Hospital Capestrano, como todos los
Hospitales del país, funciona con el modelo médico, donde existe un
limitadísimo campo de acción para los psicólogos.
Los planes médicos y los psiquiatras marcan las pautas de los ingresos y
altas, con criterios “objetivos” (aún en discusión esta sencilla palabra,
mediada continuamente por factores económicos más que por el DSM-IV
o por leyes de salud mental federales o estatales); y el trabajo
psicoterapéutico (desde cualquier escuela) se relega no sólo a segundo
plano, sino que muchas veces se convierte nuestro trabajo profesional en
labor clerical.
Dentro de este somero marco que indico, en el 2002, la corporación a la
que pertenece el Hospital, por cuestiones de presupuesto realizó recortes
dentro del área clínica. Por razones que aún desconozco, por tanto no
menciono, yo permanecí dentro de la plantilla del Hospital.
Durante estas fechas se orientó a mi cargo el grupo de Poscuidado de
Psiquiatría que se ofrece todos los miércoles de 7 a 9 pm. Puedo decir
que el grupo de poscuidado nace a consecuencia del entrecruce de dos
profundas crisis: la económica dentro de la corporación y la personal profesional
en mí. La mía, que es de la que puedo hablar, consistió en no
saber, literalmente, qué hacer con un grupo psicoeducativo convencional
como se estaba llevando hasta ese momento. Tal vez, lo único que sabía
era que no deseaba convertirme en propagandista médico, ni en el gurú
de las recetas cognoscitivas o comportamentales, ni el experto del DSMIV
o SPSS; sin tener nada en contra por quien hace esta loable labor. No
deseaba, ni deseo convertirme en ello, banalmente, porque NO sé hacer
ese difícil trabajo. Aquel momento de crisis con el que se inició el grupo
de poscuidado, continuamente regresa un poco a las dinámicas repetitivas casi como las explicadas por Giambattista Vico4; y aquel
momento histórico, como el actual, dio lugar a la posibilidad de hacer
uso de mi propia experiencia y mi tradición para poder reinventar mi
lugar profesional dentro del modelo médico del Hospital.
LA INEVITABLE CONTRATRANSFERENCIA
La dinámica para afrontar ese momento histórico y otros actuales fue la
de ir a revisar mi bagaje académico y personal; Y esto, sin querer se
convirtió en el objetivo principal del poscuidado. Es decir, que los ex
pacientes, así como los familiares que los acompañaban, realizaran y
realicen este trabajo de ir a buscar dentro del bagaje de las experiencias,
los recursos que poseen para hacerle frente (coping) a las eventualidades
que acontecen dentro del profundo dolor que se produce en el interno de
la enfermedad mental. Inicia así una dinámica continua de
contratransferencia ya sea en la dinámica, ya sea en el contenido del
encuentro terapéutico.
Debo destacar que mi trabajo, desde descubrir en Italia al gran pedagogo
Luigi Giussani en 1994, se ha ido transformando continuamente para
convertirse en una expresión de lo que creo, veo, vivo… Se podría decir,
en términos psicoanalíticos, una expresión de mi Ser; diría Mannoni: una
pasión desmesurada de Ser. Es de esta expresión que nace una pregunta
existencial que produce vértigo dentro del vivir: ¿Cuál es el reto del trabajar al encontrarme continuamente desestabilizado?, ya que uno se
juega continuamente en la relación con el otro. Agradezco que esta
pregunta permanezca aun hoy y se alimente a través de personas que
conozco exactamente con esta hambre de responderla.
¿Cuál era y permanece el reto principal de desempeñar un trabajo así? En
el 2002, no solamente existía la invitación a realizar lo que yo
consideraba adecuado dentro de los límites de un cuarto del Hospital,
dentro de los límites del trabajo vis a vis5; sino se me ofrecía la
posibilidad de que esta expresión, mi yo, mi ser, se viera involucrado con
este grupo abierto de personas que asistían a este poscuidado. Grupo
que primero era dirigido sólo a ex pacientes y pocos meses después
recibí el visto bueno de la administración para que fuera abierto a
familiares. Es decir, no simplemente me vería impactado en el vis a vis
con un solo paciente en un cuarto realizando terapia individual, sino que
me vería impactado por 10-30-50 personas y con su conglomerado
familiar. Cada miércoles, puedo decir, sin miedo a equivocarme, se reúne
un pueblo a puertas cerradas en el salón multifamiliar del Hospital, con el
reto de que yo aprenda de ellos6, con el objetivo de dejarme impactar, de
redescubrir la creación de un sistema nuevo más allá de “ellos” y “yo”
que es precisamente el que guía la cura7.
Pero, ¿por qué de esta movida de invitar a familiares? Por mi preparación
en Psicología Social de Familia a partir de la Escuela de Milán,
precisamente en la Universita del Sacro Cuore, encontraba esta integración como lo más adecuado para ellos y la mejor expresión de lo
que yo sé hacer.
El “Grupo de Poscuidado Mannoniano” o “La Era Aguilar”, nace
inicialmente con 2 reglas sencillas; reglas que religiosamente desde ese
momento hasta el miércoles pasado a las 7 pm, fueron recordadas:
- La absoluta libertad de los participantes: si en algún momento
alguien desea salir y regresar en otra sesión, puede así hacerlo.
- Al aceptar el reto de permanecer, apagar los celulares por respeto
al dolor del otro, ya que nadie puede medir el inconmensurable
dolor del otro, y atendiendo al dolor del otro – a través de este
sencillo gesto -, cual diapasón, el propio dolor inicia a fluir.
No recuerdo al día de hoy, después de casi 8 años, haber tenido que
sacar a alguien del grupo. Las primeras 10 a 13 personas iniciaron a
invitar a vecinos y amigos. Al inicio acepté a personas que no estaban en
relación con el Hospital. Ya cuando iniciamos a ser 40 – 50, tuve que, por
razones obvias de espacio, restringir el grupo a sólo ex pacientes del
Hospital y 1 ó 2 familiares.
Nunca se desarrolló, tal vez por mi incapacidad clara de realizarlo, un
plan de necesidades; una pre o post prueba o cosas similares.
Simplemente no había tiempo, ni lo hay. Quien haya colaborado y
comprometido su tiempo con la acción de un “setting” psiquiátrico sabrá
lo que estoy diciendo.
Fue y es fascinante ver cómo el sistema que se inició a instaurar creó y
recrea su propia estructura interna donde lo único propuesto por mi, además, obviamente de mi visión sobre tantas cosas (existe un enorme
bias, creo poco en la objetividad) es una sencilla retroalimentación
trimestral así como propuesta de temas para el mismo lapso de tiempo;
tal vez arrastrando aun en el Hospital mi vida de la Academia mi
necesidad de plantear un prontuario.
Les presento, para finalizar, estas láminas: (a) una propuesta trimestral
del 2003 y una del 2009, (b) una gráfica del promedio anual en estos 8
años y (c) la primera tesis de maestría que sobre este trabajo terapéutico
se ha hecho; el que ahora queda como el único grupo de poscuidado dentro de una institución hospitalaria psiquiátrica del país.
TEMAS, QUALITY E INVESTIGACIÓN
1 Mannoni, M. (1979) La educación Imposible. Siglo XXI: Ciudad de México.
2 Mannoni, M. (1989) De la pasión del Ser a la ¨”Locura” del Saber. Paidós: Buenos Aires.
3 Morales- Asencio, H. (1997) El laberinto de las estructuras. Siglo XXI: Ciudad de México.
4 Se propuso formular los principios del método histórico, basándolos en tres premisas:
-
Determinados periodos históricos tienen características semejantes entre sí, aunque varíen los detalles.
- Establece un orden en los ciclos históricos: Fuerza bruta/fuerza heroica/justicia/originalidad
deslumbrante/reflexión destructiva/opulencia, abandono y despilfarro.
- La historia no se repite, no son ciclos cerrados, más bien una espiral creciente que crea nuevos
elementos.
5 Cara a cara
6 Mannoni, M. (1989) De la pasión del Ser a la ¨”Locura” del Saber. Paidós: Buenos Aires pp. 141-150
7 Lacan, J. (1966) Ecrits. Seuil: París
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