Cuidar a la Cuidadora
Dr. Daniel Aguilar-Aes
Mis estudios de familia en diferentes
lugares del mundo siempre se
tambalean al ver a alguien llorar.
Uno puede haber leído tantos autores,
oído tantos grandes profesores y visto
tantas lágrimas, pero cuando nuevamente
me acerco a ver el intenso sufrimiento de una mujer que en su rol de hija, esposa,
compañera o madre llega a hacer
preguntas o a pedir ayuda para un familiar
enfermo, siempre es nuevo y siempre sucede
lo mismo, abre en mí heridas profundas.
Solo cuando estás frente a este
espectáculo de amor y de dolor puedes
comprender cómo tal vez la maternidad
pueda ser la palabra que más abarca
el cuidado y que más hace entender los
diferentes roles que una mujer cuidadora
tiene. Porque ya sea el padre o el
compañero el que está enfermo, la hija
o la pareja (esposa o no) experimenta la
maternidad y el cuidado de la cuidadora.
Es lamentable que tan pocos servicios
de salud se ofrezcan a los cuidadores y
cuidadoras que sufren y se afectan tanto
como el paciente con diagnóstico.
Hay algo más en la mujer que cuida
que no te enseñan en los escritos o las
universidades. La intensidad con la que una
mujer vive el sacrificio de cuidar, la atención
al detalle y lo poco que es necesario para
que ellas, no sólo con información sino
tantas veces sólo con escucha, puedan
reemprender el camino de atención a
muchas enfermedades crónicas en sus seres
queridos.
La mujer contribuye siempre con la belleza
en estos proyectos, pero no la belleza fría
que me hace recordar los prismas de cristal
del hermoso candelabro de mis padres
que siempre vi de niño en la sala de casa.
Eso es lo que muchas veces representan
los estudios o servicios acerca de las
cuidadoras. Las cuidadoras contribuyen
con la belleza del canto de amor como los
de Sinatra o Luis Miguel hacia las mujeres.
Esa belleza que atrae continuamente, la
belleza cálida que es necesaria cuando
nos sentimos desprotegidos. A la necesidad
de estos servicios y al enorme esfuerzo que
hacen las cuidadoras viviendo su feminidad
con sus familiares enfermos va todo mi
respeto y admiración. Sólo con ustedes
nuestra labor de sanación es posible.
Permítanos poderlas cuidar de vez en
cuando.
El autor es experto en Familia y Pareja.
Es responsable de grupos para familiares de
pacientes psiquiátricos en el Hospital San
Juan Capestrano.
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